16/11/10

un perro muerto no desvía tu camino
pues tus ojos no huyen de su encanto,
blanco árbol sus desnudos huesos
que la implacable intemperie te regala.

bajo su sombra la pausa es travesía,
bajo su sabio cielo celebras la armonía
de la vida que no juzga diferencias.

dichoso destino el liberado de sentencias
que encarna de cada otro las culpas compartidas,
dichoso el amanecer de cada instante
que hace del olvido agua bendita.

tu férrea voluntad, minúscula potencia,
estrecha el recorrido del tiempo por tu cuerpo.
no hay fragmento que no merezca la gracia del temblor.
mínimo latido, mínimo oxígeno, la grieta estalla,
la comprensión es verbo, la luz es acto y el dolor olvido.
pero los golpes del infierno cotidiano no interrumpen su labor.