en verdad duele,
en verdad la incontable sucesión de tus días y tus noches
marca el ritmo de tu inexplicable sobrevida.
tus rodillas sangran.
la tierra sedienta bebe tu secreto.
tus huellas desaparecen casi sin ser vistas
y a los muros que efímero derribas
vuelven tus ojos a verlos elevarse.
mas siempre hay otro que acompaña tu solitaria vida.
siempre hay otro que escucha idéntico el latido.
siempre hay otro, siempre aquella maravilla del amor.





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