de aquella maravilla que pare en tus entrañas.
duele el desgarro de parir hijos sin rostro.
duele el desgarro de preñar hembras y obligado partir solo.
no importa el primer desgarro y aquel primer puñal,
nunca te abandonan. y así atravesado habitas multitudes.
solitario, extrañado, como si nacido desterrado
habitaras fatal el mismo centro.





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